Quería escribir y acabé por concentrarme en los dibujos que una leve mosquita hacía en la pantalla.
Voy a prescindir de la memoria, del mismo modo en que se prescinde de sueños cuando corrieron ya mil días de descuento y en la sobre vida la quietud es este mamarracho informe que ni siquiera es un papel con el que envolver regalos o enjugar suspiros.
Todo está apuntado en el cuaderno.
Hoy hace frío y esto, recién empieza.
DESORIENTE PARÍS-TEXAS
Turco en un desierto cabeza o cabeza de turco en un desierto o desierto turco en una cabeza y así, sucesivamente.
DESORIENTE KACZYNSKY
O una especie de paranoia o fastidio. Ganas de salir a matar la penumbra que hay en tu corazón.
DESORIENTE VOLCÁNICO
En la espera, me pregunto qué ganamos durante tanto tiempo de caminar en puntas de pie para no molestar a los dioses. ¿Esta falta de equilibrio en los talones, la flojera metatarsa y el dolor de la quietud?
Seguimos fingiendo muecas, abrimos los ojos como si aún algo pudiera sorprendernos.
Lo superfluo, efímero, transitorio es nuestro nido helado. Las llaves se perdieron hace tiempo y para entrar tenemos un truco que se repite: nos hacemos invisibles, incorpóreos y así permanecemos hasta la hora de salida, hasta quedar paralizados en estas palabras vacuas que aún creemos reales.
Nada nos salva de las cenizas cuando la erupción pasó y la lluvia es una nube de polvo que cubre el futuro en su lento proceso de corrupción.
DESORIENTE GINECOLÓGICO
Como si los ovarios se retorciesen o el cuerpo se expandiera de adentro hacia fuera consumando una explosión que dejará la pared enchastrada como El día Nacional de la Liebre.
DESORIENTE AMATORIO
Te amo tanto, ay cuánto, con cuánta pasión y anhelo deseo que desaparezcas.
DESORIENTE LITÚRGICO
¡Oh madre!, quisiera ser magnífica, arrolladora, un estigma en cada uno de los que no se atrevieron a rebalsar los jugos y quedaron secos como cáscaras de naranja piel.
Innumerable y sórdida, irrenunciable.
Quisiera, ¡oh, madre!, pero no soy más que la señal de unos dedos torpes, pulso trémulo, que apunta hacia una cruz muerta de sed y aburrimiento.
DESORIENTE VOCACIONAL
Cuando era chica quería trabajar en la librería para usar la máquina de cortar cinta scotch. No sabía que en el futuro podría tener mi propia maquina o, incluso, mi propia empresa.
Ahora lo sé y lo mismo no tengo ni máquina ni empresa.
Porque ya no quiero.
Porque ya no tengo ganas de trabajar en ningún lado.
DESORIENTE ALUCINADO
El sentido del humor que a mi me fascina es como un bordadito étnico, una guarda pampa, una barra de cereales de esas que venden en el chino y tiene girasol, lino, sésamo y alguna otra semilla milagrosa al paladar.
DESORIENTE PROPIAMENTE DICHO
Ahora, por ejemplo, veo una teta pequeña y muy blanca con apenas una pizca de membrillo y plasticola dibujándole el pezón.
Durante dos días consecutivos vi la misma imagen: una serpiente con dos cabezas que despertó mi curiosidad durante otros días más.
Y en algunos momentos me sucede: puedo ver el lado siniestro de la gente. Se presenta repentino, como el fogonazo de un flash o el olor a tierra mojada que inunda el aire con las primeras gotas.
A veces veo peces de colores. Es un lugar común, lo sé. Nada tienen de malo los lugares comunes si están en el agua y tienen colores tan brillantes y fantásticos como los que tengo metidos en la parte del cerebro que me hace imaginar que veo, veo-veo… ¿qué ves?
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